El uso de la temperatura de color

Seguramente has tomado fotografías que, visualizándolas posteriormente, has advertido que mostraban un color distinto al que apreciabas al realizar la foto, te ha salido o más bien anaranjada (cálida) o más bien azulada (fría). En otras palabras, te ha salido con una “temperatura de color” distinta.


La temperatura de color es la dominancia de un determinado color del espectro lumínico sobre los demás, es decir, el color dominante en una imagen depende de la luz en dicha imagen. Por ejemplo, previo al amanecer la temperatura de color es azulada (fría) porque hay mucha menos luz directa que durante el mediodía, cuya temperatura de color es anaranjada (cálida).

Por tanto, dependiendo de la temperatura de color de una imagen, esta nos puede dar un indicativo tanto del momento del día en que se tomó como también del lugar en el que se realizó. La luz que incide directamente sobre Ciudad de México no es la misma que la que incide sobre Estocolmo, ni en cantidad ni en calidad. Una fotografía tomada en una ciudad más cercana al ecuador saldrá más anaranjada, y una fotografía realizada en una ciudad más cercan al círculo polar ártico saldrá más azulada.


La medición de la temperatura de color, o color de luz, es el Kelvin. El color blanco, o temperatura neutra, se sitúa en 5.500 K. La luz con temperatura menos de 5.500 K se hace gradualmente más anaranjada, por el contrario, la luz con temperatura mayor de 5.500 K se hace gradualmente más azulada.

Ocurre que, mientras nuestros son, por defecto, capaces de compensar la temperatura de color que haya (independientemente de las limitaciones o deficiencias visuales que cada persona pueda tener), las cámara fotográfica no puede hacerlo ella misma, es el operador el que ha de regular la temperatura de color indicando a la cámara cual es la temperatura de color que, en efecto, hay en la imagen. La forma de hacerlo es el balance de blancos, una aplicación que la mayoría de cámaras digitales tienen en su menú.


También puede ser que, por razonar artísticas, queramos darle a la imagen un color de luz distinto al que hay, para diferenciar expresamente la fotografía realizada de la imagen real. En ese caso es perfectamente válido jugar con el color de luz. Aún así, siempre se puede manipular la temperatura de color en la posterior edición de la imagen digital, sea en Photoshop o Lightroom.


Para entender mejor las posibilidades que ofrece el jugar con la temperatura de color, se puede fotografiar varias veces la misma imagen, pero cada vez usando una temperatura de color distinta, comprobando así los dispares resultados.

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© 2019 por ALBERT GRAELLS FOTOGRAFÍA.

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